En España está prohibido publicar encuestas la última semana antes de las elecciones. Y hay una poderosa razón: se llama efecto Bandwagon.
El efecto Bandwagon consiste en un sesgo cognitivo que lleva a considerar la mejor opción aquella que consideramos ganadora.
Es claro que a todos nos gusta ganar y pertenecer al grupo que lo hace. En los deportes, en el trabajo y, como no, en la política.
Por eso, las encuestas tienen un efecto sobre una parte del electorado. Hace años se estudiaron las encuestas postelectorales en España y se calculó que alrededor del 5% de los votantes se ven influidos por las encuestas a la hora de votar: votan al ganador.
Es un sesgo muy parecido al de popularidad, que seguro que ustedes han tenido alguna vez. Recorren una calle llena de terrazas y… ¿En cuál se sientan? En la llena. ¿Están seguros de que es mejor restaurante?
La opinión de la mayoría debe ser la buena. El experimento de Asch mostró como la conformidad social ante la opinión mayoritaria es muy alta. En una sala en la que dos personas formaban parte del equipo investigador, se experimentaba con una tercera persona. Todos veían esta lamina y les preguntaban cuál era la que era igual a la de la izquierda.

Resulta evidente que la línea C es la que es igual que la línea de modelo. Bien, los sujetos que estaban de acuerdo con el experimento decían otra línea. Más de un tercio de los participantes se plegó a la opinión mayoritaria. Pero el resto, cuando se refinó el experimento y se utilizaron medios para saber los efectos de la negativa, mostraban síntomas de ansiedad al decir lo evidente.
Ahora imaginen el efecto sobre aspectos bastante más discutibles, como la política. Otro de los sesgos fundamentales es el de la percepción selectiva, que es la puerta de entrada a las Fake News. Nuestro cerebro filtra menos las opiniones y las informaciones que refuerzan nuestra opinión previa. Y bloquea las que atacan nuestras posiciones. En este artículo explico cómo se utiliza en la amplificación de noticias falsas.
Y hay muchos más atajos de nuestra mente: por ejemplo consideramos más probable como causa o como realidad aquello que acude antes a nuestra memoria. ¡Qué acude antes? Lo más próximo, lo más repetido, lo que coincide con nuestras ideas previas. De ahí que una mentira mil veces repetida acabe siendo verdad.
También afecta el efecto halo (una característica positiva o el conocimiento y liderazgo de una persona en un tema concreto se amplía a otros en los que ni es líder ni tiene conocimientos). Si miran algunas candidaturas con personajes populares lo entenderán rápido.
Así que votamos rodeados de decisiones “irracionales”, previsiblemente irracionales como afirmaba el psicólogo Dan Ariely. Y como se pueden prever nuestros sesgos, incluso conocerlos con el análisis detallado de nuestras opiniones en redes sociales, siempre habrá alguien que los aproveche para influir en su decisión.